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'Literatura militante', artículo de Laura Freixas ('La Vanguardia'), a propósito de 'Siete novelas cortas', de Carmen Laforet

Dos libros de narrativa recientemente publicados, Deseo de ser punk de Belén Gopegui (Anagrama) y Siete novelas cortas de Carmen Laforet (Menoscuarto), tan distintos entre sí, nos plantean sin embargo una pregunta común: ¿la literatura tiene algo que decir, que proponer, sobre la sociedad? ¿Puede asumir una visión del mundo, una ideología, y seguir siendo buena literatura? La novela de Gopegui, como todas las suyas, se propone mostrar cómo el poder consigue someternos; lo hace, esta vez, desde la ingenuidad y el desparpajo de una chica de dieciséis años, una especie de Holden Caulfield —el protagonista de El cazador entre el centeno— en versión intelectual y feminista. En cuanto al libro de Laforet, tan lleno del encanto —no encuentro mejor palabra para definirlo: es algo entre el lirismo, la autenticidad, el sentido del humor y la humildad— propio de la autora, toma partido, «partido hasta mancharse»..., aunque muy distinto al de Celaya. En efecto, el personaje que protagoniza casi todas las narraciones es... una beata. Una mujer (como lo era Laforet, que por esos años, los 50, se hizo ferviente católica) cuya implícita crítica social consiste en dar la espalda a los valores reinantes: el dinero, la ambición, el estatus... y que sólo desea hacer el bien. Todo lo contrario de la novela católica francesa (Bernanos, Mauriac, Julien Green...), cuyo gran logro es precisamente —paradójicamente— el retrato fascinante del Mal... Los novelistas católicos franceses no eran los únicos empapados de ideología: gran parte de la literatura del siglo XX fue activamente militante, desde posiciones tan opuestas como las de Tolstoi, Gide, Unamuno, Gorki, Alberti, Beauvoir, Lessing, Orwell, Koestler, Sartre, Ridruejo, Pemán, Nabokov... De todo eso, ¿qué se ha hecho? El descrédito de las ideologías ha recaído también sobre la literatura de tesis: hemos perdido la costumbre de que nos echen sermones (como no resisten la tentación de hacer, de vez en cuando, tanto Gopegui como Laforet). Pero, estemos de acuerdo o no con sus respectivas visiones del mundo, Siete novelas cortas y Deseo de ser punk nos recuerdan que proponer intervenciones en la sociedad —sea irrumpir en un programa de radio para leer una frase, como en el libro de Gopegui, o cuidar enfermos en los hospitales— también es una función de la literatura.

Laura FREIXAS | La Vanguardia (22-7-2010)
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