'Dos libros y una serie de culto', de Luis García, en 'El Comercio'
Confieso que cuando cayó en mis manos el libro 100 narradores españoles de hoy (Menoscuarto Ediciones), tuve la maldad de comenzarlo por el glosario de los mismos (Pecadillos de juventud). Quizás buscando ese autor desconocido que tanto me influyera en mi formación como lector, o quizás, sospechando que precisamente en la ausencia de otros, residía precisamente el verdadero valor enciclopédico del volumen. Nada que reprocharle, pues, al autor, porque precisamente es ahí, en la literatura, en las diferentes visiones enciclopédicas o antologías, en las ausencias y en las presencias, donde reside el valor de la misma. Me permito, pues, como él, disfrutar con algunos autores y libros ya leídos, de Irene Gracia, Cristina Fernández Cubas, Luis Mateo Diez, Juan José Flores... y me permito y le agradezco, que me descubra otros que no mentaré. Con todo, este tipo de libros, 100 narradores españoles de hoy, son necesarios de vez en cuando por higiene cultural y literaria. Por eso yo invitaría a otros críticos literarios a seguir su ejemplo.
Sin acritud, por supuesto, y sin nepotismo. Ha caído en mis manos por otra parte, un curioso volumen, Bibliotecas llenas de fantasmas (Editorial Anagrama). No todo lector es susceptible de convertirse en bibliómano en algún momento de su vida (lectora), pero si todo bibliómano fue lector previamente, es decir, como suele decirse, fue monaguillo antes que fraile. Este axioma, sin duda podríamos decir que lo tiene claro el autor de este curioso ensayo,
Bibliotecas llenas de fantasmas, Jacques Bonnet, quien incluso va más allá. Porque ¿teme usted, sufrido lector, que el derrumbamiento de su biblioteca lo aplaste mientras duerme? ¿Pone la acumulación de libros en peligro la mera existencia de su familia? Borges ideó en su momento la Biblioteca perfecta, la Biblioteca de Babel, la de todos los libros posibles arbitrariamente ordenados, Manguel reconoce tener una biblioteca con más de treinta y cinco mil libros (libros arriba, libro abajo) y Pessoa intentó ser bibliotecario antes que poeta. Lo cierto es que para todos aquellos que amamos los libros como objetos, la lectura ha pasado a una segunda prioridad: la primera, siempre es poseer el artículo, disfrutar con él, olerlo, tocarlo, saborearlo, y después, si procede, abrirlo cuidadosamente. Se me olvidaba. ¿Han comprobado ustedes si tienen fantasmas en su biblioteca? Yo al menos sí. Que les voy a hacer.
Por otra parte, no puedo resistirme a escribir sobre Lost, Perdidos. Lo siento. Hace años, veinte para ser más exactos, David Lynch revolucionó la televisión con una serie que habría de convertirse en serie de culto: Twin Peaks. Todos recordamos aquella famosa coletilla ¿Quién mató a Laura Palmer?, coletilla muy utilizada todavía hoy en día, y todos fuimos conscientes que la televisión ya no podría ser igual desde entonces. Hoy, otra serie, Perdidos, Lost, que ha cerrado un ciclo apasionante dentro de la pequeña pantalla, parece dispuesta a quitarle el trono a Twin Peaks. Las extrañas vicisitudes de los náufragos de 'La Isla' han terminado muy a nuestro pesar y con ellos, todos nos vamos a quedar un poco huérfanos. Pero llega el momento de los análisis, de buscar las claves de Perdidos, su filosofía, su hilo conductor, su real life... A todo eso y mucho más se encarga este libro editado por Duomo que está causando furor en la red y sobre todo entre los adolescentes, hasta tal punto que en algunos centros de la ESO se estaáconvirtiendo en lectura obligatoria. La pregunta continúa flotando en el aire. ¿Qué fue Perdidos?
Luis GARCÍA | El Comercio
Sin acritud, por supuesto, y sin nepotismo. Ha caído en mis manos por otra parte, un curioso volumen, Bibliotecas llenas de fantasmas (Editorial Anagrama). No todo lector es susceptible de convertirse en bibliómano en algún momento de su vida (lectora), pero si todo bibliómano fue lector previamente, es decir, como suele decirse, fue monaguillo antes que fraile. Este axioma, sin duda podríamos decir que lo tiene claro el autor de este curioso ensayo,
Bibliotecas llenas de fantasmas, Jacques Bonnet, quien incluso va más allá. Porque ¿teme usted, sufrido lector, que el derrumbamiento de su biblioteca lo aplaste mientras duerme? ¿Pone la acumulación de libros en peligro la mera existencia de su familia? Borges ideó en su momento la Biblioteca perfecta, la Biblioteca de Babel, la de todos los libros posibles arbitrariamente ordenados, Manguel reconoce tener una biblioteca con más de treinta y cinco mil libros (libros arriba, libro abajo) y Pessoa intentó ser bibliotecario antes que poeta. Lo cierto es que para todos aquellos que amamos los libros como objetos, la lectura ha pasado a una segunda prioridad: la primera, siempre es poseer el artículo, disfrutar con él, olerlo, tocarlo, saborearlo, y después, si procede, abrirlo cuidadosamente. Se me olvidaba. ¿Han comprobado ustedes si tienen fantasmas en su biblioteca? Yo al menos sí. Que les voy a hacer.
Por otra parte, no puedo resistirme a escribir sobre Lost, Perdidos. Lo siento. Hace años, veinte para ser más exactos, David Lynch revolucionó la televisión con una serie que habría de convertirse en serie de culto: Twin Peaks. Todos recordamos aquella famosa coletilla ¿Quién mató a Laura Palmer?, coletilla muy utilizada todavía hoy en día, y todos fuimos conscientes que la televisión ya no podría ser igual desde entonces. Hoy, otra serie, Perdidos, Lost, que ha cerrado un ciclo apasionante dentro de la pequeña pantalla, parece dispuesta a quitarle el trono a Twin Peaks. Las extrañas vicisitudes de los náufragos de 'La Isla' han terminado muy a nuestro pesar y con ellos, todos nos vamos a quedar un poco huérfanos. Pero llega el momento de los análisis, de buscar las claves de Perdidos, su filosofía, su hilo conductor, su real life... A todo eso y mucho más se encarga este libro editado por Duomo que está causando furor en la red y sobre todo entre los adolescentes, hasta tal punto que en algunos centros de la ESO se estaáconvirtiendo en lectura obligatoria. La pregunta continúa flotando en el aire. ¿Qué fue Perdidos?
Luis GARCÍA | El Comercio

